sábado

Libros






Guillermo de Miguel Amieva
DON QUIJOTE INICIADO
A las puertas del Templ




«En una logia de cuyo nombre sí quiero acordarme, la cual atendía por Paz y Conocimiento, al oriente de Palencia, habéis de saber, queridos lectores, quiera plebeyos, o nobles, medianos o más chicos, ilustres o desconocidos, que, hace ya muchos años, fue iniciado un hidalgo de los de lanza en astillero, rocín flaco y galgo corredor, caballero andante al que se conocía por el ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, el cual, tras muchos siglos metido en las costuras del libro, vino a dar con sus huesos a Villalcázar de Sirga, una villa de la provincia de Palencia…»



PRÓLOGO Desocupado lector, masón o profano en la materia, o quién sabe si en trance ya de ser iniciado en el muy noble Arte Real, oficio que cultivan los masones, el cual no consiste en otra cosa que en mejorarse uno mismo para mejorar a la humanidad entera: Tenéis en vuestras manos un libro que, tras las dos primeras partes del universal El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, ofrece el relato de la que viene a ser su salida esotérica, o, dicho en cristiano, su iniciación masó- nica en la muy conocida logia Paz y Conocimiento, sita en el Oriente de Palencia, y perteneciente, con el número ciento diecinueve, a la Gran Logia de España, circunstancia ésta de la iniciación de Don Quijote que llamará la atención de muchos, la curiosidad de unos cuantos, la indignación de otros, y esperemos que el gusto de los más. Bien es cierto que el presente relato, bueno o malo, no lo ha escrito Don Miguel de Cervantes Saavedra. Tampoco se quiere competir con tan insigne autor —como hiciera, y













además mal, el autor del Quijote apócrifo, el tal Avellaneda—, ni contravenir su voluntad o alterar la paz de ultratumba que tanto merece. Antes al contrario, el presente relato parte del profundo respeto por Don Miguel, del que este año conmemoramos el cuatrocientos aniversario de su muerte, y parte, igualmente, de la veneración hacia Don Quijote de la Mancha, personaje universal, a pesar de literario, al cual, a mi modo de ver, le faltaba su salida más necesaria, la que, tras sus muchos padecimientos, tenía que hacerle más feliz, la cual no es otra que ésta que se narra. Ha de excusarse a Don Miguel de Cervantes que no la escribiera él mismo, por cuanto, sabido es, y casi no sería necesario mencionarlo, que, por aquel tiempo, no había nacido aún la masonería especulativa. Entonces, solamente existían los llamados masones operativos, esto es, los archiconocidos constructores de catedrales, los cuales ya empezaban a decaer por consecuencia del cambio del gusto arquitectónico. Desde entonces a esta parte, por otra parte, y valga la redundancia, Don Quijote ya no es el mismo, como tampoco lo somos los masones modernos. Todos hemos cambiado, mas ha de decirse que la masonería deviene mixtura entre la Edad Media y la Ilustración y que, por tanto, bebe de ambas fuentes. De ahí que Don Quijote pueda hallar en nosotros una especie de parientes lejanos, o que nosotros hallemos en él un espejo donde mirarnos. Se extrañará el lector, en principio, de la nueva aventura de Don Alonso Quijano, la cual verá, por sus propios ojos, que nos trae a un renovado y socializado Quijote masónico. Ésta salida última de Don Quijote, como ya se ha mencionado, casi se anunciaba a medida que el personaje ca- . 19 . balgaba solo por el tiempo histórico, pues la pedía a gritos. Muerto el insigne manco de Lepanto, gran arquitecto de la literatura universal, Alonso Quijano ha atravesado la historia cabalgándola a lomos de Rocinante, sometido al tiovivo de un tiempo circular que siempre narra lo mismo y que empieza de nuevo cuando se acaba, resultando, al fin y a la postre, un tanto descontextualizada de los tiempos que corren, lo cual no deja de ser una manera de la soledad. Los masones, por nuestra parte, hemos ido adaptándonos a los tiempos modernos. Al principio, construíamos físicamente las catedrales, pero luego, cuando ya no nos contrataban para levantarlas, tuvimos que cambiar nuestro proyecto. Decidimos construir la utópica catedral de la fraternidad humana. Un ideal nacido en el seno de la Ilustración europea. Mas esta adaptación ha de indicarse que se ha realizado sin desprendernos de nuestra parte medieval, la cual anida aún en nuestros corazones. Al modo de caballeros artúricos, también somos hombres de fe, idealistas que mantenemos usos de aquel tiempo, sobre todo la lealtad, si bien, al contrario que el pobre Don Quijote, nos hemos agrupado en logias, templos donde se cultiva la filosofía y el amor en comunión fraternal. Con Don Quijote tenemos en común, por tanto, el idealismo, el método, y la espiritualidad. Todos formamos parte de una Orden. Don Quijote, que antes pertenecía a la muy noble Orden de los caballeros andantes, ahora pertenece a la Orden de la Masonería, obediencia especulativa que, como se ha visto antes, deviene mixtura de lo medieval y lo moderno. Nosotros somos Quijotes, y él ya era masón sin mandil antes de iniciarle. Bien es verdad, que, . 20 . en el presente libro, se relata la historia de una iniciación que, siendo en todo caso verosímil, puede ser o no creída por el lector, quiérese decir que el lector es muy libre de considerar si lo que se relata obedece o no a la verdad. En cualquiera de los casos, el lector compasivo habrá de alegrarse por esta iniciación del ilustre hidalgo de la Mancha y ello por lo que, a seguido, se alega. Si las dos primeras partes del Quijote supusieron un pesaroso camino en el que el hidalgo invocaba la utopía y defendía, él solo, lo justo por encima de lo injusto, ello con la mofa y el escarnio de una sociedad que no le comprendía, los masones ha de decirse que, por ser partícipes de sus mismos propósitos, por ser igualmente idealistas y Quijotes, e igualmente defensores de la libertad y del amor, y también perseguidos por todas las esquinas de la Tierra, hemos venido a acoger en su seno a un igual, el cual cabalgaba por las estepas del tiempo sin que nadie pudiera consolar sus penas ni compartir sus alegrías. Por esto que se dice, y que el lector atento ya habrá asimilado, es por lo que se comprenderá, finalmente, y pocos discutirán, que esta cuarta salida del hidalgo, es la que a la postre, le viene a hacer, al cabo de cuatrocientos años, la justicia que tanto él como Don Miguel de Cervantes, necesitaban. Murió casi indigente el escritor, e incomprendido ha estado Don Quijote, preso de ese su tiempo circular de la narración, hasta que, encarnando en el presente, se ha hecho un hombre libre y de buenas costumbres. Es decir: un masón. Oriente de la «Tierra sembrada de cereal» a uno de marzo de dos mil dieciséis.












        La iniciación de Mowgli


La historia de Mowgli, como la de cada iniciado, permanece girando en el tiovivo del tiempo histórico. A través de la memoria y de la tradición, se va fijando como un mito en nuestro inconsciente colectivo. Su leyenda constituye un referente moral sabiamente introducido por Rudyard Kipling, representa un legado dejado a la humanidad, un poso fabulado de reflexión ética.

En el presente ensayo, Guillermo de Miguel Amieva desarrolla el paralelismo existente entre la Masonería y el legendario Libro de la selva de Rudyard Kipling, Premio Nobel inglés iniciado en la Logia Hope & Perserverance, al Oriente de Lahore (India por entonces, y actualmente Pakistán).

Poniendo en paralelo su propia iniciación en la Logia Hermes Amistad Nº 53 de la Gran Logia de España, Guillermo de Miguel nos introduce en el universo esotérico de la masonería desvelando las claves que nos permiten descubrir las analogías existentes entre la iniciación masónica y la que Rudyard Kipling, como gran arquitecto del Libro de la selva, hace experimentar al propio Mowgli. Éste, tras pasar la prueba de la tierra y los tres viajes iniciáticos correspondientes (el aire, el agua y el fuego), alcanzará la maestría para, posteriormente, entronizarse como Venerable Maestro de la manada de Seoanne.

El autor, a través de un cuidado y fundado proceso discursivo, prueba la imposibilidad de que el Libro de la selva tenga explicación sin la experiencia masónica vivida por Kipling. A lo largo del ensayo, se logra desenmascarar la logia encubierta que Kipling escondió en el relato. Akela, como venerable maestro de la manada de Seooanne, y Bagheera y Baloo, como maestros vigilantes, son los encargados de transmitir al pequeño Mowgli el poso de la tradición de los Pueblos libres de la Selva. En la lectura subyace, por tanto, el valor de la tradición y el ritual como instrumentos para la supervivencia de la civilización.

El más profundo mensaje iniciático de Kipling
Autor: de Miguel Amieva, Guillermo
Colección: Serie Amarilla
Edición: 1
Páginas: 200
Tamaño: 140 x 210 mm
Encuadernación: Rústica fresada; Tapa: con solapa; plastificada brillo,
ISBN: 978-84-941827-8-5
Depósito Legal: AS-00351-2014










                                       






traducción al español de uno de los grandes clásicos de la masonería
La Iniciación Masónica
RESEÑA:

La Masonería es esencialmente un sistema filosófico y religioso expresado bajo la forma de un ceremonial dramático, concebido para proporcionar respuestas a las tres grandes cuestiones que reclaman inexorablemente la atención de todo hombre reflexivo: ¿Qué soy yo? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy?










El Significado de la Masonería

Reseña:
En El Significado de la Masonería, Walter L. Wilmshurst aborda el contenido de la Iniciación tal y como se concebía en los Antiguos Misterios. ¡Uno de los auténticos clásicos de masonería por fin en español!

masonica.es
Ediciones del Arte Real
Al Servicio de la Francmasonería Universal
http://www.masonica.es/